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AXIVIL Goyesco

El adjetivo goyesco parece una calificación estética o estilística... ¡y lo es! pero no ha habido en la historia de España un momento en el que la estética o el estilo en el hablar, el vestir, el gesticular, el bailar y el cantar esté tan entrelazado con el sentir político, el pensar y el vivir cotidiano.


De Francia habían llegado las “modas” y no se trataba simplemente de un estilo en el vestir sino de todo un sistema de cómo relacionarse, cómo comportarse y hasta de cómo educar a los jóvenes o cómo debían ser las fiestas y diversiones. Además, la nueva clase en ascenso, la burguesía, iba extendiendo los nuevos usos y costumbres de la envidiada aristocracia de manera que una cierta frivolidad y galantería se fue instalando en la sociedad española... hasta que llegó la reacción: el majismo.

 

Realmente creo que la sensación de un viajero europeo al llegar a nuestro país a principios del XIX debía ser algo más que chocante. Había duquesas -Cayetana- con amantes toreros y también condesas-duquesas -la de Benavente- que contrataban a Haydn como compositor. Italianos que hacían música española, españoles que lo contrario, vizcaínos antifranceses (Don Preciso) que acabaron en Francia por afrancesados (?) o extremeños agabachados que gobernaban (Godoy). También había catalanes de fuerte carácter (Pablo Esteve) puestos en los tribunales por su más predilecta cantante (“la Caramba”) y navarros empeñados en un canto nacional (Laserna) junto a sevillanos maestros del bel canto adorados por Rossini (Manuel García) y canciones españolísimas que acabaron siendo publicadas en París porque sus autores (F. Sor, N. Paz y muchos más) estaban exiliados... y curas... y monjas... y bandoleros de Sierra Morena... y notarios... y Goya.... ¡todo eso era la España Goyesca! además de una geografía abrupta con dificiles comunicaciones y un país con ganas de alegría pero con atraso.

 

¿Qué cantaban y bailaban los majos? ¿Qué se cantaba a principios del XIX en España, en vida de Goya, durante la invasión de los franceses, durante la guerra de la Independencia? ¿Y después, cuando los guerrilleros fueron bandoleros, cuando el país renacía tras la barbarie? Pues sobre todo seguidillas. Seguidillas en sus múltiples modalidades: manchegas, murcianas, boleras, boleros etc. Incluso se usaba la forma poética de seguidilla aplicada a otra forma musical. Generalmente el tema era el amor con sus curiosas y variadas incidencias pero, como no, la guerra, el deseo de vuelta de Fernando VII, la presencia de José Bonaparte, etc. produjeron coplas (una vez más seguidillas) que encauzaban el sentimiento patriótico y, a veces, revolucionario.

Además de las seguidillas, fandangos y tiranas, sobrepasaban el ámbito estrictamente popular y fueron el camino por donde interesantísimos compositores del  momento derrocharon una gran fantasía en la que se unieron ritmos populares, un clasicismo camerístico impecable y la tradición de la tonadilla escénica.

 

Todo es muy serio y muy resalao a la vez. Por eso los viajeros europeos que vinieron a visitar España en aquellos años acabaron por configurar el “pintoresquismo” y ellos mismos llegaron a ser un aderezo tópico de la España goyesca.




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Dirección: Felipe Sánchez Mascuñano

Producción: Ángeles Burrel Arguis

 

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