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El Barroco Marginal

AXIVIL Aljamía

PROGRAMA abierto a modificaciones:

 

Paseabase el rey moro              Romance - Narvaez

Me cautivaron los moros          Romance - Tradición popular

De Antequera                            Romance - Fuenllana

Tres morillas                              Canción - Cancionero de Palacio

Españoletas                                G. Sanz

Esperar, sentir, morir                J. Hidalgo

Sepan todos que muero             J. Marín

Jácara                                         Anónimo

Si quieres dar María                  J. Marín

 

A lo largo de la historia, en España siempre se ha dado una doble corriente en la música: Una que se integra en el devenir musical europeo (italianizado, germanizado o afrancesado, según las épocas) y otra claramente “racial”, aislada y genuina que, solo a veces, ha traspasado nuestras fronteras bajo el adjetivo de “exótico” y, casi siempre, de manera ocasional.



Ya en algunas obras provenientes de los cancioneros del siglo XVI  podemos advertir ese giro melódico o esa trabazón rítmica que sólo puede ser española. Aunque es en el XVII cuando abiertamente se destapa esa forma de entender la música y empiezan a verse publicaciones donde sin complejos los compositores vierten aquello que, desde niños, han oído y que tiene un carácter musicalmente tan fuerte que es imposible soslayar.

 

Hay que decir que la mayoría de esas músicas tienen origen en la danza o en la improvisación instrumental y que, en algunos casos, llega a tener un desarrollo de primer orden entre compositores de primerísima fila (recordemos los fandangos de Soler, Scarlatti o Bocherini, por ejemplo). Jácara, chaconas, fandangos, folías, seguidillas, canarios o zarabandas pasaban del pueblo a la corte o al escenario teatral con la facilidad que solo se pueden permitir las cosas indiscutibles: géneros musicales que admiten la delicadeza, la bravura, el virtuosismo, la gracia…

 

Todavía en los primeros años del siglo XVII se podían oir en muchos lugares de España las zambras y leylas de los moriscos en plena época de la cuestión de la expulsión.

 

Por otro lado, hacía muchos años que vagaban por la península bandas de egiptanos que, entre cuyos quehaceres estaba el de bailar y cantar romances en público. Parece ser que alguno de aquellos moriscos eludieron el destierro camuflados entre estos gitanos y llevaron su vida musical y errante de manera que se produjo una simbiosis entre la tradición modal andalusí, el oficio y arte de los gitanos y los ritmos tradicionales ya arraigados en España que dio como resultado ese exotismo tan particular.

Contacto:

AXIVIL

 

Dirección: Felipe Sánchez Mascuñano

Producción: Ángeles Burrel Arguis

 

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